II CERTAMEN DE CUENTOS POPULARES

cuentos aragoneses

CUENTO PREMIADO EN EL II CERTAMEN DE CUENTOS POPULARES

El pasado día 11 de Julio, dentro del programa de actividades del Día del Río se celebro el II Concurso de Cuentos Populares y como vencedor Don Arturo Pardos quien nos presento su cuento original “LA MALDICIÓN DEL TITIRITERO”. Una trepidante historia que nos mantuvo en jaque hasta el final y que os animamos a leer. Felicidades ARTURO!!!.

Te animamos a seguir escribiendo para nuestra próxima edición.

Os dejamos con la reproducción del cuento completo:

LA MALDICION DEL TITIRITERO

Desde la maldición del titiritero nadie se había atrevido a adentrarse en las ruinas de aquel pueblo abandonado hacía siglos. Y menos aún a meterse en la iglesia hundida que destacaba sobre el resto.

Habían transcurrido  más de doce años desde que Fermín el titiritero de Tauste metió su enorme carro entre aquellas casas en ruinas para pasar allí la noche. La mala fortuna urdió que por la mañana, su joven esposa, la lozana Jacoba, hubiera desaparecido. Cuando Fermín comprendió que nunca más la volvería a ver, culpó a los espíritus de aquel siniestro lugar, del infame sacrilegio.

El pobre saltimbanqui se fue con sus mulas y su rabia gritando como un poseso: ahí os dejo mis pertenencias y mi maldición, para que nunca más se atreva nadie a venir a este maldito lugar!.

Acomodado en el albardón sobre la mula Castaña pasaba Santos por delante de ese lugar, acordándose de la peripecia del titiritero.

Cavilaba que, el mismo día que se esfumó la mujer de Fermín desapareció también Tomás el Bubillo, así que, atando cabos, todo parecía culpar al espíritu mujeriego del Bubillo más que a ningún espíritu o duende de aquellos lugares.

Dicen en Monterde que el titiritero dejó allí una fiera temible y hay quien  afirma habría visto merodeando entre las paredes hundidas de Llumes. Unos decían que era negra, otros que marrón, unos le vieron cuernos y otros garras,  Santos no se creía esas cosas. Aunque él mismo vio un boquete tremendo en una de las paredes del carro abandonado por el titiritero, lo cierto y verdad es que pasaba por allí a menudo muchos días como aquel y nunca vio ninguna fiera.

Echó un vistazo a la Torda, cargada con los aperos y sacando papel y petaca se lió un cigarro antes de llegar al tajo. Le dio a la piedra del chisquero y encendió el cigarro en el cabo chispeante. Y así se acercó a su pieza, cobijado en su manta del relente de la amanecida.

– Que nadie tema a la fieraaaaa….. Canturreó.

-Algún día igual me quedo a vivir aquí.

Lo dijo como si estuviera esperando que alguien dijera lo contrario para tener un motivo en el que apoyar su decisión.

-Cojo a la María y nos venimos aquí. Cualquier día de estos.

A sus 25 años y recién llegado de la guerra de África, era feliz con su María y con su pequeña hacienda. Pero le fastidiaba cada vez más tener que venir desde Monterde. Perdía muchas horas en el camino.

Ató la bota a la samuga y con las mulas yuncidas se dispuso a mover la tierra. La firme Castaña por dentro y la alegre Torda por fuera. Mano firme a la esteba y los cabos, y a labrar.

– Que la fiera ya muriooooo; Cantaba.  Estaba contento.

Santos era un buen hombre y un buen labrador.

No había surcos torcidos ni en sus sembrados ni en su vida.

-Vuelve Castaña .pasallá uoh.

Subía poco a poco el sol y el cachirulo se iba humedeciendo con el sudor.

Tres lobos lo estuvieron observando un rato desde el chaparral y luego se retiraron tranquilamente hacia sus dominios. Ni a Santos le agradaba mucho ese público ni los lobos parecían muy interesados en incordiar a aquel individuo grande y curtido. Seguramente pensaban que aquel animal sería de carne dura.

A media tarde ya había acabado y montado en la Torda, con el timón, yugo y aladro sobre la mula Castaña, emprendió la vuelta a Monterde.

-Que al revolver una esquinaaaaa. Seguía contento.

Una vez más pasaba por delante de las casas del viejo Llumes.

Aún quedaba mucha tarde y de pronto pensó…

“-¡Qué demonios!” Echaré un vistazo.

Saltó de la mula, les puso las bozaleras a las dos caballerías y se metió canturreando por entre las casas rotas que siglos atrás albergaron a labradores como él. Igual hasta vivió allí algún tatarabuelo suyo.

“-Poco aprovechable hay aquí –pensó-. Antes de hacerme aquí una casa, cogería las piedras y me haría una bien grande en el albar. Con lagar y horno. Gallinero y corral.

Y mientras paseaba observándolo todo, iba diseñando, casi inconscientemente su plan para asentarse en Llumes.

El único edificio medio habitable era la iglesia. No estaba seguro de si sería correcto meterse a vivir allí. Pero podría servir temporalmente mientras se hacía la casa en el albar. Hablaría con mosén Ceferino por si acaso. No le tenía ningún aprecio a la curia pero tampoco quería tener problemas con ella.

Ahora, como buen aragonés, necesitaba alguien que le dijera que no podría nunca cumplir su sueño.

De pronto, oyó piafar a las mulas y patear el suelo con nerviosismo. Salió corriendo hacia la orilla del río y las vio con la vista fija en un punto entre las junqueras. Junto a la pared que cierra el río para echar las correntías se movían con brusquedad los juncos.

Instintivamente sacó el puñal de la alforja y soltó la tralla del albardón mirando de reojo hacia aquel punto.

Y entonces……

¡PERO…….QUÉ BICHO ES ESE!

Santos no era un cobarde, pero le subió un cosquilleo por la espalda hasta el cogote que si no era miedo, le faltaba poco.

En algún sitio había visto pintada una bestia como esa. Tenía que ser por fuerza la fiera del titiritero, porque aquí no se crían esos bichos. Por lo menos medía 12 palmos ahora que se había puesto a dos patas y sus zarpas estaban armadas con garras más largas y afiladas que su puñal.

Justo le vino a Santos para soltar las mulas que salieron corriendo despavoridas hacia el escalerón. Al mismo tiempo y mientras reculaba

soltó un trallazo buscando los ojos del animal.

El enorme oso avanzó enfurecido bramando y soltando zarpazos. De pronto la espalda de Santos chocó con la esquina de la pared de las correntías. Casi se vio perdido. Mandó un trallazo a los pies del animal y soltando la tralla dio la vuelta a la pared esquivando el último zarpazo. La mole de la bestia se estrelló contra la punta del paredón y se quedó abrazado a ella. No lo dudó, ahora o nunca, le asestó una puñalada con toda su alma hundiendo el puñal por debajo del brazo de su enemigo. Echó un paso atrás y vio como la bestia resbalaba por la pared hasta el suelo, con las patas trabadas por la tralla y herida de muerte.

Se sentó en el suelo y mirando al oso a los ojos como si pudiera oírle le dijo,

“-ni tú, ni el titiritero ni naide me vais a echar de aquí.”

Con su María, sus escasas pertenencias y la autorización del cura para ocupar temporalmente la iglesia, llegó Santos el día de San Miguel a Llumes y llegó para quedarse.

Tenía previsto dedicarse a querer a su joven y guapa María y a tener una catarvada de chicos. A administrar su hacienda y a vivir tranquilo y en paz con el mundo y consigo mismo.

-De aquí no me sacan si no es con los pies por delante.

Y  al ritmo cadencioso del paso de la mula Castaña, confundiéndose con la risa cristalina de su mujer tiró Santos la jota que más le gustaba:

-Que nadie tema a la fiera

-Que la fiera ya murió

-Que al revolver una esquina

-Un valiente la mató

BASES QUE HAN REGIDO EL II CONCURSO DE CUENTOS POPULARES

La Asociación Flumes, con motivo de la celebración del Día del Río, y tras tener tanta aceptación el I Certamen, convoca el II  Certamen de Cuentos Tradicionales Flumes 2015, con la finalidad de fomentar la sensibilización de niños y adultos sobre la importancia del entorno tradicional, a través de sus capacidades literarias y creativas.

Aquí os presentamos las bases:

1º TEMATICA: El tema de los cuentos será el “entorno tradicional aragonés” haciendo especial hincapié en nuestra zona, el valle del Río Piedra y todo lo que nos rodea, anécdotas, historias, leyendas y demás temáticas que pueden servirnos de inspiración a la hora que echar a volar nuestra imaginación, y tener la  inspiración para poder crear la narración de un cuento, con el que poder disfrutar de una agradable velada.

2ºPARTICIPANTES: Podrán participar en este certamen todos los miembros de la Asociación, familiares y amigos de los mismos.

3º CATEGORIAS: Se establecen dos únicas categorías de participantes: – Adultos, de 15 años en adelante – Niños, hasta los 14 años (incluido).

4º PRESENTACIÓN DE CUENTOS: Cada participante podrá entregar un único cuento, que deberá ser original y no podrá haber sido presentado en ningún otro concurso. Queda totalmente prohibida la copia de cuentos de otros autores, exigiendo a los participantes el compromiso de la creación del cuento por ellos mismos. Los cuentos podrán presentarse escritos a mano o con ordenador dentro de un sobre cerrado sin nombre ni identificación, la organización pondrá un número en cada sobre  y cada número corresponderá a una persona,  de forma que se respete el anonimato del autor a la hora de valorar los cuentos. La duración de los cuentos de los adultos tendrá una duración mínima de un folio A4 y máximo de dos A4, el mínimo de los cuentos de los niños serán 14 líneas.

El plazo máximo de presentación de los sobres con los cuentos será quince días antes al Día del Rio.

5º PREMIOS: Se entregará un único premio para cada categoría y se obsequiará a todos los participantes.

6º JURADO: El jurado estará compuesto  por miembros de la Asociación Flumes, con amplios conocimientos y experiencia en el entorno tradicional, haciendo valer su gran criterio.

7º ENTREGA DE PREMIOS: La entrega de premios tendrá lugar el Día del Río , leyendo los cuentos ganadores en ambas categorías delante de los miembros de la asociación que participen en el mismo.

8º CESIÓN DE DERECHOS: La Asociación Flumes, como organizadora del concurso de cuentos, se reserva el derecho de reproducir o exponer los trabajos presentados citando a los autores.

9º ADMISIÓN PARTICIPANTES: El no cumplimiento de las bases expuestas supondrá la exclusión del certamen de cuentos.

Os animamos a participar.

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